Mis poemas

En este rinconcito del blog , me dispongo a dejar huella en vuestro interior con estos poemas. Pues, si de verdad estáis interesados en el ámbito de la educación (especialmente en el de Ed. Infantil) dichos poemas serán  capaces de tocaros el corazón.





Canción primaveral
Federico García Lorca

Salen los niños alegres
de la escuela, poniendo en el aire tibio
del abril canciones tiernas.

¡Qué alegría tiene el hondo silencio de la calleja!
Un silencio hecho pedazos
por risas de plata nueva.



Federico García Lorca

MAESTRO
¿Qué doncella se casa
con el viento?

NIÑO
La doncella de todos
los deseos.

MAESTRO
¿Qué le regala
el viento?

NIÑO
Remolinos de oro
y mapas superpuestos.

MAESTRO
Ella ¿le ofrece algo?

NIÑO
Su corazón abierto.

MAESTRO
Decid cómo se llama.

NIÑO
Su nombre es un secreto.

La ventana del colegio tiene una cortina de luceros.




José María Ortega

Escolares de mi escuela,
hijos de pobres y ricos,
aprender a compartir
antes que a tener «bôrsiyos».

Escolares de mi escuela
listos, medianos y torpes,
aprender a navegar
tos dentro der mismo bote.

Escolares de mi escuela,
no luchéis por ser primero,
sino porque haiga comía
pa el úrtimo en er puchero.

Escolares de mi escuela,
no copiéis modelos farsos:
ser ca uno lo que sois
que los dioses son de barro.

Escolares de mi escuela,
no me toméis como ejemplo.
Yo fayo como er que más,
aunque esté dando consejos.


Juan Berbel

Vocación tempranera y siempre bien sentida,
esta de ser Maestro por amor entregado,
este ir alumbrando caminos por la vida,
ilusionadamente, de niños rodeado.

Poner alma de artista en la noble tarea,
con fuerza misionera y mano delicada;
saber irse quemando en aras de una idea,
saber seguir la estrella del bien entresoñada...

Sembrador sin pereza, poner en la besana
al par del rubio trigo semilla de amapolas;
estrenar alegría y fe cada mañana,
y en el trance difícil quedar con Dios a solas.


A mis treinta y seis párvulos
 José Tuvilla

Hijos de mis horas, retoños, aprendices de hombre;
amanece mi alma con vuestras risas locas.
Inocentes luciérnagas deletreando sílabas,
inventores de la imagen, magos del sueño.

Vuestras miradas forjan una primavera blanca
en mi corazón de sombra, en mis ojos tristes
derrotados por un vendaval de perfiles batientes,
por la ancestral noche del escalofrío fulminante.

Sois embriones de la esperanza, de la luz cierta.
Lleváis en vuestras voces la alegría del olivo,
el asombro del capullo, el ritmo de las mariposas;
mendigo soy de vuestra esperanza encarnecida.

Alargáis vuestras frágiles manos hasta mi noche,
me acariciáis la sonrisa olvidada, la ternura
sin oficio. Y con vosotros dejo de ser esta nada
para ser ángel azul con vuestra dicha.

Los guiñoles saltan, dicen del sol y de la trilla,
del sudor diluviano de vuestros padres, del odio
de los hombres, del terror de los fusiles,
del lamento herrumbroso de los planetas.

Regresáis a vuestras casas y quedo con mi soledad,
con la horrible bofetada de la soledad otra vez,
con una mueca de desesperanza como si fuera
el horrible bosquejo de un hombre en su tragedia.

Duendecillos del aula, tropel de alondras, cuerpos
alados de mimbre, abejas de mis tuétanos;
Mayo se hace dulce con vuestros juegos,
con vuestras canciones que son pájaros de sangre.

Sabéis del lenguaje puro de las montañas,
enseñádmelo. Sólo sé de cifras, de llanto.
Soy un manojo de amargura, de silencio,
de raíz de golpes, de sed gota a gota sacudida.




























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